La infertilidad y las etapas del duelo: cuando un sueño muere pero puede resucitar

A la mujer estéril le da un hogar y le concede la dicha de ser madre de hijos.¡Aleluya! -Salmo 113

Hace unos años, mientras manejaba, empecé a pensar en la infertilidad y en cómo las etapas se parecen o asemejan a las etapas del duelo.

Escuché hablar de la negación como la primera etapa del duelo y pensé: sí, es exactamente eso por lo primero que pasamos, lo que sentimos.

Inicialmente llega la negación. Pensamos: esto no puede ser, no es posible. ¿Por qué a mí? ¿Cómo puede ser que yo no pueda quedar embarazada? ¿Cómo puede ser que algo tan natural para tantas personas sea tan difícil para mí? Esto a mi no me puede pasar.

Por muchos anos me sentía tan identificada con la canción de Ricardo Arjona «De vez en mes»

De vez en mes
Una cigüeña se suicida
Y ahí estas tú tan deprimida
Buscándole una explicación

De vez en mes
El cielo te roba el milagro

Y yo sentía eso mismo de la cancion, como que el cielo me robaba un milagro.

Porque no solamente estamos intentando tener un hijo. También estamos despidiéndonos de un sueño, de una imagen que construimos durante años, de esa imaginación de ver a alguien como vos en pequeño. De pensar cómo sería su carita, qué cosas heredaría de vos, cómo sería tenerlo en brazos y verlo crecer.

Es el duelo por una vida que imaginamos y que, de repente, parece que nunca va a suceder.

Después llega la etapa del enojo. Y con él, de la mano la tristeza, las lágrimas, la angustia y un dolor que muchas veces no sabemos cómo explicar y no queremos atravesar. El enojo con una misma, con tu cuerpo, con Dios, con la vida y con el mundo entero.

Especialmente con aquellas personas que quedan embarazadas sin dificultad, con quienes parecen no valorar el regalo que tienen, con quienes abortan o abandonan a sus hijos, con quienes dicen: «No sé cómo pasó, fue un error. Es la primera vez que salgo con este chico».

Nos preguntamos por qué algunas personas pueden tener hijos sin siquiera proponérselo, mientras otras darían cualquier cosa por tener uno.

También sentimos enojo con las personas cercanas. Con la familia que pregunta: «¿Para cuándo el bebé?», «¿Por qué no hacés in vitro?», «¿Por qué no vas a ver a tal médico?», «¿Por qué no tomás tal cosa?», «¿Y si lo soltás y no pensás en ello? así va a llegar». Todo esto es tan fácil de decir cuando uno no está en los zapatos del otro. Sí, lo sabemos: nos aconsejan desde el amor, pero en esos momentos ese amor duele. Con nuestros maridos que quizás vive este dolor de una manera diferente. Con los médicos que nos explican las cosas con tanta frialdad, con tanta indiferencia, como si fuéramos un caso más, un diagnóstico más, una estadística sin explicación.

El enojo puede durar mucho tiempo.

Después, creo que llega una etapa de indiferencia. O, al menos, eso es lo que mostramos por fuera.

Ya pasamos por la negación, el llanto y el enojo. Ahora decimos: «Igual, no quiero tener hijos».

Intentamos convencernos de que ya no nos importa y que no nacimos para ser madres. Capaz es la voluntad de Dios, capaz estoy haciendo algo mal, capaz es un castigo, capaz Dios se olvidó de mí, capaz es una maldición generacional, capaz tantas cosas pasan por nuestras mentes.

Entonces en la etapa de la indiferencia, evitamos, todo lo que podemos, a los niños, a las mujeres embarazadas, a las reuniones familiares o de amigos en las que todos hablan de sus hijos.

Luego viene la etapa de ocupación, de llenar el tiempo con muchas cosas . Buscamos algo que nos ocupe el tiempo, que nos distraiga, que nos ayude a no pensar. Objetivos laborales, viajes, compras, hobbies, deportes… cualquier cosa que, aunque sea por un rato, llene ese vacío que sentimos por dentro.

Seguimos con nuestra vida. Trabajamos, viajamos, nos reímos, hacemos planes, cancelamos planes. Y, sin embargo, hay una parte de nosotras que sigue llorando por ese sueño, cada mes es un pequeño duelo, como lo canta Arjona «De vez en mes con tu acuarela Pintas jirones de ciruelas»

Hasta que llega un momento en el que, para mí, comienza la verdadera transformación. Cuando pasamos por todo eso, llega un punto que es lo único que queda y que, en realidad, es lo primero que había que hacer: la etapa de aceptación.

Después de tanto orar por un milagro, después de pedirle tantas veces que nos quitara ese sentimiento de vacío, empezamos a descubrir que la paz no depende de que ese milagro suceda.

La etapa de la aceptación ha llegado. La paz. Hacer las paces con Dios.

El único que verdaderamente nos da esa paz es Dios, es Jesús. No porque de repente dejara de dolernos, ni porque tuviéramos todas las respuestas, sino porque empezamos a comprender que nuestra vida puede dar frutos incluso en medio de aquello que tanto nos duele.

Esto lo vi en un sueño: una rosa blanca que crecía en mi mano izquierda. Yo miraba cómo iba creciendo y abriéndose los pétalos blancos. Del tallo salían espinas y dolía, dolía mucho, pero a la vez la miraba y pensaba: «¡Qué hermosa que es!».

Entonces entendí que dar vida también puede significar acompañar, enseñar, amar, inspirar y sembrar algo bueno en el corazón de otra persona. Que tener hijos no es la única manera de dejar un legado. Podemos tener muchos hijos espirituales. Podemos tener frutos espirituales que veremos en esta vida y, quizás, también en la eternidad. Podemos dar a luz semillas que Dios pone en nuestros corazones.

Cada semilla de amor, de fe, de esperanza y de verdad que sembramos en otra persona puede convertirse en un fruto que siga creciendo mucho después de nosotras.

Podemos sembrar en otros adultos, en otros niños, en las personas que Dios pone en nuestro camino. Podemos dejar un legado espiritual. Podemos ser parte de una historia que transforme la vida de alguien más.

Y quizás nunca lleguemos a conocer el alcance de lo que sembramos.

No significa que el deseo de ser madre desaparezca. Tampoco significa que tengamos que dejar de desearlo, que no podamos llorar o que debamos sentirnos culpables por seguir anhelando un hijo.

Significa que nuestra vida no queda suspendida hasta que ese sueño se cumpla.

Que nuestro valor no depende de nuestra capacidad de concebir.

Que todavía podemos amar, crear, cuidar, enseñar y dar frutos.

Y entonces, mientras pensaba en todo esto, descubrí algo más.

A diferencia de otras formas de duelo, en las que la aceptación puede ayudarnos a encontrar paz frente a una pérdida definitiva, la infertilidad también puede tener una nueva etapa: la etapa de la resurrección. La etapa del milagro.

Porque, para algunas, la historia no termina con la aceptación de que aquel sueño nunca sucederá.

A veces, cuando ya aprendimos a valorar lo que tenemos, quienes somos, y que Dios nos ama como somos, que no hay nada malo en nosotras, que no es un castigo, que no es una maldicion, cuando empezamos a encontrar paz, cuando dejamos de sentir que nuestra vida está incompleta, sucede algo inesperado.

Una sorpresa. Una noticia. Una nueva oportunidad. Un milagro.

Y ese sueño que creíamos muerto vuelve a vivir.

No todas las historias terminan de la misma manera. No todas las mujeres recibirán la respuesta que tanto esperan. Y no quiero que ninguna mujer que atraviesa este dolor sienta que le falta fe si su milagro no llega de la forma que imaginaba.

Pero sí quiero dejar una puerta abierta para la esperanza.

Acuérdate de la palabra que diste a este siervo tuyo,
palabra con la que me infundiste esperanza.
Este es mi consuelo en medio del dolor:
que tu promesa me da vida.

Salmo 119:49-50

Porque, para algunas, la historia todavía no terminó.

Dios puede enseñarnos a encontrar plenitud en Él mientras esperamos. Puede mostrarnos que nuestra vida ya tiene propósito, incluso cuando hay preguntas que siguen sin respuesta. Y también puede sorprendernos con caminos que nunca imaginamos.

Quizás la aceptación sea el final de tu historia. Quizá la resurrección sea el de la tuya.

Quizás sea el lugar desde el que aprendemos a vivir en paz, sin dejar de tener esperanza.

Y quizás, algún día, aquello que lloramos como una pérdida se convierta en el comienzo de una historia nueva.

Porque hay sueños que aprendemos a entregar en las manos de Dios y que, algunas veces, Él nos permite volver a abrazar.

Flay 🐝

A la mujer que no tiene hijos, le concede dos alegrías: ¡llegar a ser madre y tener un hogar!

Salmo 113:9

Observen que en este versículo dice que Dios le da a la mujer la dicha, el gozo de ser madre.

Si ya sos madre, que el mundo no te haga perder tu gozo ni tu bendición, porque hoy en día el valor de la crianza se está perdiendo en los corazones.

Las mujeres hemos sido llamadas a generar vida.

Pedile a Dios que te devuelva tu unción maternal, que seas transformada por la renovación de tu mente, que Dios te infunda gozo y alegría al criar a tus hijos y que puedas criarlos firmemente de acuerdo con los principios bíblicos. 🐝🍯

Yo que hago que se abra la matriz, ¿no haré nacer? —dice el Señor. Yo que hago nacer, ¿cerraré la matriz? —dice tu Dios».

Isaías 66:9

De las Cartas de MAggie «Pero ustedes han dicho: «Es demasiado tarde para nosotros. Ya pasó nuestro tiempo. Estamos demasiado heridos de corazón como para quererlo. Ya terminamos. Ya nos cansamos de intentarlo». Pero la Palabra dice: «Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. (Hebreos 11:11)Sé que sienten que están más allá del punto en que esto tenga sentido.Han pasado de la medianoche.Han estado bajo una guerra tan intensa en su cuerpo y en su mente.Pero Dios está rompiendo eso ahora, en el nombre de Jesús.¡Tomamos autoridad en este momento sobre cada asignación que ha creado esterilidad!¡Todo lo que se ha levantado contra aquello que Dios está formando en ustedes, en lo natural y en lo espiritual, sea roto ahora mismo en el nombre de Jesús!»

«Ahora prepárense para recibir las nuevas instrucciones del cielo. Prepárense para el fuego fresco. Prepárense para una visitación y un encuentro fresco, dice el Señor. Prepárense para tener sueños. Los rollos están a punto de descender. Esta es su temporada de “VEN CONMIGO”, donde les doy una visión fresca y derramo Mi Espíritu sobre sus vidas. La sequía se está rompiendo y ustedes están dando a luz, en el nombre de Jesús. Esta va a ser una temporada en la que veremos levantarse a los David y los Samuel, aquellos a quienes otros habían dado por descartados».

Sin embargo, Dios dice: «Estoy escogiendo lo insensato. Estoy escogiendo lo pequeño. Estoy escogiendo lo que la gente ha descartado. Estoy escogiendo lo que no tiene sentido para sacar a la luz lo que será poderoso, potente y ungido. No miro lo de afuera. Yo miro el corazón.¿Dónde están aquellos que dirán?Dios, aun a través de nuestra esperanza diferida, de nuestra duda y de nuestra falta de fe, hoy elegimos decir SÍ al alumbramiento».

Si eres tú, oremos: Dios, soltamos la esterilidad. La soltamos. La rendimos. La rompemos de nuestras vidas ahora mismo. Derrama Tu Espíritu sobre nosotros. Danos los sueños. Danos los planos. No queremos lo que es engendrado por manos humanas. Queremos Tu gloria, Dios. Te queremos a Ti por completo.

Profetizamos esto: esta será la temporada en la que, contra todo pronóstico, DARÁN A LUZ. Recibirán un mensaje y un llamado ardiente en su interior que soltarán, como dijo Jeremías: como «UN FUEGO ARDIENTE METIDO EN MIS HUESOS«. Dios, aun cuando no tenga sentido, aun cuando otros nos miren con desprecio, seremos fieles para dar a luz aquello que Tú nos has dado como una adoración. En el poderoso nombre de Jesús. Amén. (Una palabra de Nate Johnston)

Juan 16:21 La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.

Con amor y oraciones,»

Magie de Cano

«Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí»

1 Samuel 1:27


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