de la nueva era a jesús

Cuando tenía las tinieblas como luz

La creación puede ser hermosa, fascinante y despertar nuestra curiosidad. Pero no fuimos creados para buscar las respuestas en la creación, sino en el Creador.

Dios sopló en nosotros aliento de vida. Tenemos cuerpo, alma y espíritu, y creo que por eso existe dentro de nosotros un hambre de trascendencia: una necesidad de saber qué hay más allá, de encontrar respuestas, de descubrir quiénes somos y cuál es el sentido de nuestra vida.

El problema es que podemos tener esa hambre espiritual y buscar saciarla en cualquier lugar, Como yo lo hice.

Durante mucho tiempo busqué respuestas en todo lo que encontraba. Reiki, vidas pasadas, cristales, yoga, meditación, metafísica, tarot, astrología, ángeles, theta healing…

Y cuando trabajé como tripulante de cabina, viajar hizo que mi curiosidad aumentara todavía más. Volaba con personas de diferentes países, culturas y religiones. En un mismo vuelo podía haber tripulantes de muchísimas nacionalidades, y a mí me intrigaba saber qué creía cada uno, cómo había sido criado y qué pensaba sobre Dios.

Si llegábamos a Tailandia, quería conocer los templos budistas. Si viajaba a otro país, visitaba iglesias, templos y lugares de culto. Leía sobre budismo, hinduismo, Islam, mitología griega y romana. Leía libros de autoayuda y buscaba respuestas en todo lo que encontraba. siempre fui muy curiosa.

No sabía exactamente qué estaba buscando, pero sentía que había algo más.

Mi corazón tenía hambre.

Y así fui construyendo mi propia idea de Dios. Una especie de mezcla de todo lo que había aprendido: Dios como energía del universo, Jesús como un maestro ascendido, las vidas pasadas, los chakras, el tarot, el feng shui, los ángeles, …

Había hecho, sin darme cuenta, una especie de “ensalada espiritual”.

Y yo sinceramente creía que estaba buscando la verdad.

Pero estaba buscando la verdad en los lugares equivocados.

Hoy puedo mirar hacia atrás y entender algo que en ese momento no veía: yo tenía las tinieblas por luz.

Isaías 5:20 dice: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”

Eso describía mucho de lo que estaba viviendo.

Quizás nunca hayas escuchado hablar de algunas de estas prácticas. O quizás sí. Tal vez tienes un amigo, un familiar o alguien cercano que está involucrado en ellas. Muchas de estas cosas se han vuelto muy populares y pueden parecer inofensivas, divertidas o incluso atractivas.

“Te leo las cartas para ver qué te va a pasar estos meses.”

“Déjame leerte el horóscopo.”

“Podemos hacer una sesión de vidas pasadas.”

“Vamos a trabajar tus chakras.”

“Vamos a sanar tu energía.”

Y quizás todo parece hablar de amor, paz, luz, bienestar y espiritualidad.

Yo estuve ahí.

Y durante un tiempo pensé que había encontrado algo bueno.

Pero en realidad había un vacío que intentaba llenar una y otra vez con un nuevo curso, una nueva práctica, una nueva experiencia espiritual.

Hasta que un día Jesús abrió mis ojos.

No porque yo lo mereciera. No porque hubiera hecho algo para ganarlo.

Primero, por su gracia y por su gran amor. Y también porque Dios utilizó a una persona que se preocupó por mí y me mostró a Jesús.

Porque, aunque yo había recorrido tantos caminos, en el fondo siempre había querido conocer la verdad.

Recuerdo especialmente un momento en la playa.

Tuve una imagen muy clara: veía un camino recto por el que caminaba Jesús. Ese camino llegaba hasta una rotonda, y allí había una paloma y una luz que para mí representaban a Dios. A los lados había otros caminos, paralelos al de Jesús. Al principio parecían dirigirse hacia el mismo lugar. Parecía que todos llevaban al mismo destino. Pero poco a poco esos caminos se iban desviando. Cada vez estaban más lejos del camino de Jesús y, finalmente, ya no tenían conexión con aquella rotonda.

Y entendí: Hay un solo camino.

Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí.” Juan 14:6

Después de eso dejé muchas de aquellas prácticas. Dejé el yoga, las meditaciones y todo aquello que había convertido en parte de mi búsqueda espiritual.

Y al principio fue raro. Me sentí vacía. Era como si ya no tuviera nada. Pero después entendí que no había perdido algo. Había encontrado muchísimo más. Había encontrado a alguien.

Porque la paz que Jesús me dio no era una paz superficial y pasajera que tenía que volver a buscar una y otra vez.

Era diferente. Encontré gozo. Tranquilidad. Propósito.

Sentí que Dios me daba alas nuevas. Hizo cosas nuevas en mí. Me dio nuevos talentos, nuevas ideas y una nueva manera de ver la vida.

Lo que yo había estado buscando desesperadamente en tantos lugares, lo encontré en una persona: Jesús.

Por eso hoy puedo decirlo con mucha claridad:

No necesito que el universo me diga quién soy.
No necesito una carta natal para saber cuál es mi propósito.
No necesito que los astros me guíen.

Porque sigo al Creador, no a la creación.

Y cuando conocí al Creador, finalmente encontré la verdad que llevaba tanto tiempo buscando.

Quizás tú también estás buscando.

Quizás tienes preguntas. Quizás has probado diferentes caminos. Quizás hay cosas que hoy consideras normales porque todo el mundo habla de ellas.

Yo no te cuento esto para juzgarte.

Te lo cuento porque yo estuve ahí.

Y porque alguien se tomó el tiempo de mostrarme a Jesús.

Mi anhelo es que tú también puedas conocerlo. Que puedas ver la luz en medio de aquello que quizás hoy todavía parece confuso.

Jesús dijo: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” Juan 8:32

Yo buscaba respuestas en todas partes.

Y descubrí que la respuesta tenía un nombre.

Jesús.

Flay 🐝


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