Día 73/150 — Salmo 73
Este salmo me habló muchísimo la primera vez que lo leí. Cuando volví a releerlo, me sentí muy identificada con Asaf, el salmista.
Y seguramente a todos, en algún punto, nos ha pasado.
Miramos a nuestro alrededor, vemos otras vidas que parecen perfectas, especialmente en las redes sociales, y comenzamos a compararnos. Vemos personas que no creen en Dios, que aparentemente tienen una vida mejor, sin tribulaciones, problemas o dificultades , y podemos llegar a preguntarnos: ¿Sirve todo esto?
Asaf llegó a sentir envidia de los arrogantes al ver la prosperidad de los malvados. Se preguntaba por qué ellos parecían vivir tan bien mientras él, intentando caminar con Dios, atravesaba dificultades.
Ser como ellos no es la solución.
Pero tampoco era la solución intentar comprender por qué a nosotros nos pasan ciertas cosas y a los demás no. Esa pregunta puede convertirse en una carga enorme.
Este salmo también me llevó a preguntarme una pregunta que se hicieron muchos hombres y me acordaba de mis clases de filosofía: ¿Qué es el bien y qué es el mal? y me puse a leer e investigar que decían cada rama, en las religiones, en la psicología, en la filosofía, autores, etc.
A lo largo de la historia, muchísimas personas intentaron responder estas preguntas: filósofos, religiosos, psicólogos y pensadores de distintas épocas.
Y la respuesta ha ido cambiando.
La filosofía sofista llevó la cuestión hacia otro lugar: si cada persona tiene la capacidad de determinar por sí misma qué es bueno y qué es malo, entonces el bien puede convertirse en algo relativo a cada individuo. Imagínense si cada uno definiera el bien, o si el bien es solo lo que te hace feliz, Arthur Schopenhauer era escéptico, pero lo explicó muy bien. Nietzsche dijo: lo bueno y lo malo es imposible de definir.
Para algunos filósofos, el bien estaba relacionado con la felicidad. Demócrito, por ejemplo, vinculaba el objetivo de la vida con la felicidad y con vivir de una manera que condujera a ella.
Y todavía hoy escuchamos frases como:
“Lo bueno es lo que te hace feliz.” “Lo bueno es lo que te da paz.” “Lo malo es lo que te hace sufrir.”
Pero entonces, ¿Qué sucede cuando lo que nos hace felices no necesariamente es bueno? ¿Y cuando hacer lo correcto no nos produce felicidad inmediata? ¿Qué sucede cuando lo que Dios está haciendo en nuestra vida nos duele, pero sabemos que Él está obrando?
Incluso algunos filósofos mucho más pesimistas o escépticos, como Schopenhauer o Nietzsche, cuestionaron profundamente las ideas tradicionales sobre el bien y el mal.
Después de tantos siglos de intentar definirlo, seguimos haciéndonos la misma pregunta:
¿Qué es realmente el bien?
Y entonces encuentro mi respuesta en el Salmo 73, me da una respuesta que va mucho más allá de una definición filosófica.
Asaf comienza mirando hacia afuera.
Mira a los demás.
Compara.
Siente envidia.
Se confunde.
Se pregunta si vale la pena seguir caminando con Dios.
Pero algo cambia cuando entra en la presencia de Dios:
“Cuando traté de comprender todo esto, me resultó una carga insoportable, hasta que entré en el santuario de Dios; allí comprendí…”
Y después de encontrarse con Dios, su perspectiva cambia completamente.
Ya no termina diciendo: “El bien es tener una vida sin problemas.”
No dice: “El bien es tener lo que tienen los demás.”
No dice: “El bien es sentirme feliz todo el tiempo.”
Dice: “Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.”
Y finalmente: “Para mí el bien es estar cerca de Dios.”
Qué declaración tan preciosa.
Después de toda la confusión, Asaf descubre qué es realmente el bien, y yo también
El bien es estar cerca de Dios.
Y quizás eso es algo que necesitamos recordar cuando estamos confundidos. Cuando vemos la vida de otros y pensamos que ellos están mejor. Cuando nos preguntamos por qué a nosotros nos pasan ciertas cosas y a ellos no. Cuando sentimos que nuestra vida debería ser diferente. Cuando no entendemos lo que Dios está haciendo.
Tal vez no necesitamos encontrar todas las respuestas primero.
Tal vez solo necesitamos entrar en su presencia.
Dejar a sus pies nuestras preguntas, nuestros sentimientos, nuestras comparaciones, nuestros problemas y todo aquello que no entendemos.
Ir a buscar alivio. Un respiro.
Pero, sobre todo, perspectiva. Cuando estemos confundidos, pasemos tiempo en la presencia de Dios para ganar compresión y perspectiva.
Porque muchas veces no cambia inmediatamente nuestra situación, pero sí cambia la manera en la que la vemos.
Y quizás allí podamos cambiar también nuestra pregunta.
En lugar de preguntarnos solamente “¿por qué?”, empezar a preguntarnos “¿para qué?”
Dios nos dice que todas las cosas cooperan para bien para quienes le aman. No significa que todas las cosas sean buenas en sí mismas, sino que Dios puede obrar aun en medio de ellas para llevarnos hacia su propósito.
Asaf reconoció que había estado mirando desde una perspectiva equivocada. Él mismo habla de su necedad e ignorancia.
Y pensé en cuántas veces yo también me he sentido así. Sin ánimo. Comparándome. Con envidia. Confundida. Mirando demasiado lo que sucede a mi alrededor y olvidando quién está conmigo.
Pero somos necios cuando olvidamos que tenemos al mejor Guía y Consejero del mundo.
No tenemos que permitir que el miedo, las circunstancias o lo que vemos en el mundo nos quite el enfoque.
Porque al final, nuestra herencia no está aquí.
Nuestra seguridad no está en tener una vida perfecta.
Nuestro bien no depende de que todo salga como esperamos.
Nuestro bien es estar cerca de Dios.
Por eso, cuando estés confundido, cuando no entiendas lo que está pasando, cuando mires alrededor y sientas que otros tienen una vida mejor, haz lo que hizo Asaf: entra en la presencia de Dios.
Quédate allí. Habla con Él. Llora si tienes que llorar. Pregúntale. Entrégale tus sentimientos y emociones.
Y deja que Él vuelva a ordenar tu perspectiva.
Porque cuando ponemos los ojos en el cielo, nuestra perspectiva sobre la tierra cambia.
Y quizás entonces podamos decir, como Asaf:
“¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.”
Y recordar finalmente:
Para mí el bien es estar cerca de Dios.

Y en mi cuaderno escribí: “Es para poner una taza y recordar todos los días«
Y entonces, al final, un día hice este diseño para recordar todos los días este salmo.
Flay 🐝
Si te gusta el diseño y lo quieres también recordar todos los días aquí te comparto el enlace
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