no es tiempo de rendirse

es tiempo de confiar en dios

Muchas veces me sentí muy triste, deprimida, hasta que pensé que me estaba volviendo loca del dolor. Tenía pensamientos de miedo, mi mente se sentía ida, desenfocada. No me daba la cabeza para pensar, especialmente para ver las cosas de Dios. Me sentía nublada, sin claridad. Y sentí muy fuerte de parte de Dios: es tiempo de cuidar nuestra mente y nuestros pensamientos.

Somos la generación de Elías y de Juan el Bautista. Me puse a investigar sus historias y vi algo que me impactó: a ambos se les pidió la cabeza. El enemigo atacó sus mentes. A Juan el Bautista directamente se la cortaron. A Elías, Jezabel lo amenazó con hacerle lo mismo, y él cayó en depresión, al punto de querer morirse. Herodías, movida por el mismo espíritu que Jezabel, pidió la cabeza de Juan. Ese mismo espíritu sigue operando hoy con mucha fuerza, porque sabe cuán importantes son los hombres y mujeres que se están levantando en esta generación. Busca dejarnos “sin cabeza”, sin enfoque, sin dirección. Nos llena de inseguridades, de pensamientos confusos, de opciones infinitas para distraernos.

Por eso, es urgente orar y pedirle a Dios que santifique nuestros pensamientos, que nos llene de la mente de Cristo. Como dice Filipenses 4:8:

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Necesitamos llenar la mente con Su Palabra, memorizar versículos, escribir, anotar, recordar. Tener la mente vacía es peligroso. Me fascina leer los Salmos porque David expresaba lo que muchos de nosotros sentimos. En el Salmo 42:11 dice:

“¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar?

Y es fascinante lo que EL mismo se responde , la solución, es:

En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!”

David se hablaba a sí mismo. Le hablaba a su alma. Ordenaba sus pensamientos y los dirigía a un solo enfoque: Dios. Aunque no entendamos por qué nos pasan ciertas situaciones difíciles, aunque duela, aunque sintamos tristeza, la libertad viene cuando confiamos en medio del dolor.

Cuando alabamos y ponemos nuestra esperanza y confianza en Dios, somos como el ave que escapa de las garras del cazador, la jaula se abre y nuestra alma se libera.

Porque esa alabanza en medio del desierto, en medio de la batalla, es la que abre cárceles, derriba muros y nos lleva a la tierra prometida. Como Pablo y Silas, que estaban injustamente encarcelados. No se deprimieron, no se quejaron. Comenzaron a cantar himnos a Dios. Y las puertas de la cárcel se abrieron (Hechos 16:25–26).

Como Josué y el pueblo de Dios, que antes de ver la victoria, tocaron el shofar y alabaron. Y los muros de Jericó cayeron por el poder de Dios (Josué 6).

¡Qué increíble es el poder de la alabanza en medio de las circunstancias difíciles !

Hoy te invito a escuchar la canción Jerico y a dejar que tu alma también declare: los muros van a caer. Te comparto lo que Dios me habló, y que también es para vos:

“Enfócate.
No temas.
Esfuérzate.
No te desanimes.
No te avergüences.
Confía.
No estás solo.
Yo estoy contigo”.

Como dice Josué 1:9:

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.

Pero esto no significa ser pasivos en nuestra vida, como decir: “Bueno, dejo todo en manos de Dios y me tiro al sillón”. No. Dios transforma mientras caminamos con Él, mientras tomamos acción, mientras decidimos y actuamos, por eso aquí Dios nos dice iré contigo dondequiera que vayas! se valiente y no temas, esfuerzate! .

Padre, santifica mis pensamientos. Que Jesús sea luz en mi mente, paz en mi corazón y sabiduría en mis decisiones. Pon luz donde hay confusión y tinieblas. Abre mis ojos y oídos para que pueda escuchar Tu verdad. Cuida mis pensamientos. Transforma mi mente y mi corazón en Cristo Jesús.
Amén.

Flay


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